A tí, que quien eres y lo que me hiciste quedará para siempre entre nosotros... tanto amor, tanto miedo, tanto terror, tanto dolor... mi hijo nonato y tal vez, la única vez que seré madre... hasta eso me arrebataste... y hoy estoy llorando con pena por todos esos momentos especiales que tiré contigo, por todos esos sueños rotos que no te pertenecían... y al llorar con pena y no con rabia sé que ya no te tengo miedo, se acabó mirar hacia los dos lados por si te acercas cuando no miro, se acabó coger el teléfono aguantando el aliento... si quieres venir ya no me afecta... te diré que ya no te odio, y no quiere decir que te haya perdonado como me pediste, no sé perdonar ciertas cosas, ya me entiendes...
He comprendido que muchas cosas uno no las hace si el otro no se deja, aunque no es tan fácil cuando se mira desde dentro, no es tan fácil ni explicarlo ni compartirlo, como tantas y tantas cosas...
Y necesito enterrarte para seguir, llevo demasiado tiempo llevándote como una sombra sobre mí y no puedo más, necesito sacarte de donde sea que te escondas en mi interior para continuar... hace demasiado tiempo que me pesas y llegó la hora de levantar anclas y zarpar hacia mi vida... hasta que vuelvas a resucitar cuando menos me lo espere... hasta que encuentre la manera de arrancarte para siempre como tú
arrancaste mi fe ciega en las personas.